Analytics

lunes, 29 de marzo de 2010

Una lagrima por Zapata Tamayo





Una lagrima por Orlando Zapata Tamayo

Ramón Flores

Allá por los años  1980/81, cuando miles de ciudadanos cubanos ansiaban salir de Cuba por el Puerto de Mariel,  desesperados, angustiados, decepcionados y desilusionados de una revolución agotada que se había envejecido y que a los 20 años  demostraba que ya no tenía nada más que dar,  Fidel afirmó "El Socialismo es tarea de hombres libres", esas palabras resonaron maravillosas en mis juveniles e inocentes oídos, pero el contrate que significaba la desesperación por salir de Cuba me obligó a profundizar en el conocimiento acerca de  la relación Socialismo y la libertad.

 

Con los años me convencí de que el socialismo sólo es posible mediante las distribución de riquezas, no de miseria y pobreza, pero en particular, me convencí que sin libertad de expresión es imposible construir el Socialismo, y el Socialismo nada tiene que ver precisamente con ese asistencialismo prebendario que ha prevalecido en Cuba durante 50 años,  a cambio del cual se ejerce una brutal  intolerancia hacia cualquier cuestionamiento de ese sistema policiaco. En Cuba la revolución trajo éxitos extraordinarios en lo social, pero ya esa revolución se la llevó el viento y la historia hace muchos años, hoy como hace muchos años, sólo se defiende el poder por el poder, así de cruda es la realidad, hasta la imagen histórica de Fidel se la pasa llevando.

 

La experiencia de la vivencia cubana me permitió conocer de cerca el temor de la gente a debatir, a exponer sus ideas, ya no digamos a criticar, pues a la más suave señal de cuestionamiento se descalifica al exponente y con facilitad asombrosa se le tilda de "agente del enemigo" lo que de inmediato tiene como consecuencia la marginación, que en Cuba equivale a la muerte civil, pues la represión es de tal naturaleza que quien la sufre sabe que se está jugando la vida; tuve varios amigos de quienes después supe que habían sido encarcelados por el delito de opinar con libertad, lo cual está tipificado como delito en Cuba sólo que encubierto bajo diversos eufemismos.

 

De ahí que opinar públicamente es un delito, y hacerlo es jugarse la vida por hacer respetar su derecho a soñar con la idea de que otro mundo es posible en Cuba, ese mundo que prohíbe la brutal intolerancia de Fidel, el mismo Fidel a quien en nuestros años juveniles idolatramos. Ese mundo con el que sueñan muchos que están en la cárcel acusados de cometer el delito de "desacato a la figura del comandante en jefe", a otros se les acusa de "desorden", etc., y cuando ya no cabe la tipificación delictiva se les califica de locos y se les encierra en el manicomio, muchos otros se han jugado la vida emigrando en balsa hacia Miami, las islas Caimán, Haití o a Honduras.

 

Pero hay quienes como el obrero Orlando Zapata Tamayo prefirieron al igual que el Ché, jugarse la vida por sus ideas y ofrendarla  de la manera más dura como es a través de una agónica huelga de hambre; sin duda por ese sólo hecho merece el más alto de los respetos de todos las personas, en especial de los revolucionarios del mundo, porque como decía Sandino, "quien de su patria no exige ni un palmo de tierra para su sepultura, no sólo merece ser oído, sino también creído", y el obrero Zapata Tamayo no exigía más que ejercer su derecho a luchar por un cambio que lleve a los ciudadanos de su país a gozar en la misma igualdad de los derechos civiles, a como se pregonan los derechos  económicos y sociales, pues  los derechos humanos NO son intercambiables….uno por otros, o uno más importante que otro…

 

La muerte del obrero Orlando Zapata Tamayo es una vergüenza y pone de luto a todos los que desde la izquierda luchamos por un socialismo respetuoso de la libertad de opinión y de la libertad de difusión del pensamiento, su muerte hace ver a Fidel y a Raúl con la misma insensibilidad e intolerancia de Margaret Thatcher frente a los mineros ingleses.

 

En Nicaragua, donde se admiró en su tiempo a la revolución cubana, pero donde también se conoce de los sufrimientos que ha padecido el pueblo cubano, los sandinistas renovadores que soñamos y luchamos, sin prejuicios ni complejos por hacer realidad nuestros sueños de alcanzar un socialismo con vocación democrática, le rendimos a Orlando Zapata Tamayo el más respetuoso de los tributos a quien supo ser consecuente con sus ideas hasta las últimas consecuencias. Sobrarán  fanaticos y opotunistas que se prestan a desdibujar o manipular su memoria, pero lo cierto es que su ejemplo estarrá ahí y como el Ché su sombra crecerá como el Sol cuando muere la tarde.

 



Para obtener más opciones, visita este grupo en
http://groups.google.com/group/AndreaMargarita?hl=es.